¿Cómo debe ser una copa de vino?

Las copas deben ser transparentes, lisas y finas para disfrutar bien de los vinos


Las características, tamaño y forma de la copa de vino influyen de manera decisiva en la cata de las elaboraciones más complejas y deliciosas

La historia de la cultura es el resultado del eterno conflicto entre la forma y el fondo, el continente y el contenido, la estética y la ideología. Aunque muchas personas han intentado priorizar una cuestión sobre la otra, lo cierto es que para elaborar cualquier obra artística o elaboración de calidad es imprescindible fusionar el cómo y el qué. Una máxima que se puede vislumbrar con claridad en la viticultura. ¿Por qué? Elaboraciones tan especiales como los vinos no pueden catarse en cualquier recipiente. La copa de vino no es un mero instrumento, sino que se convierte en el continente perfecto para que las características y virtudes de los vinos brillen en todo su esplendor en el momento de disfrutarlos.

Al fin y al cabo, las características de la copa de vino juegan un papel crucial durante las tres fases de la cata: visual, olfativa y gustativa. Sin ir más lejos, si se toma el vino directamente desde la botella resulta imposible apreciar sus tonalidades o descubrir todos sus aromas.

En este artículo vamos a contarte cómo debe ser una copa de vino para que puedas descubrir por medio de tus sentidos la esencia de las mejores elaboraciones.

El material de la copa de vino

Hoy en día, la aplastante mayoría de las personas usa copas de cristal para catar un vino. Sin embargo, aún persisten otros objetos. Por ejemplo, es común entrar en una tasca gallega y que el vino se sirva en una taza de porcelana, la tradicional cunca.

De todas formas, la hegemonía de cristal en lo relativo a la copa de vino es innegable. ¿Para disfrutar de un buen vino se necesitan copas fabricadas con cristal de altísima calidad? No, un amante del vino no tiene que invertir una gran cantidad de tiempo en cristalería de primer nivel, pero desde luego, que el cristal tenga una calidad óptima ayuda a mejorar la experiencia de la cata.

Lo que sí resulta fundamental es recurrir a una copa de vino elaborada con cristal que sea:

  • Transparente. Si una copa de vino es traslúcida, resultará imposible analizar los tonos y brillos de las elaboraciones.
  • Lisa. Los relieves alteran la percepción visual del vino y pueden afectar a los aromas.
  • Incolora. Es decir, que la copa de vino no esté teñida con ningún color que pueda alterar la tonalidad y la brillante de un vino.
  • Fina. Cuanto más fina sea una copa de vino, mejor. De ahí que no sea necesario adquirir copas carísimas, pero sí es recomendable disponer de buenas copas y de cristal fino.

El tamaño y la forma de la copa de vino

Es posible encontrarnos con copas de vino de múltiples tamaños. Habitualmente, las copas más grandes son las que se emplean para los vinos tintos, mientras que las más pequeñas son las destinadas a vinos dulces y las más estrechas las de los vinos espumosos. ¿Qué pasa con los vinos blancos como los albariños? Se disfrutan generalmente en copas más pequeñas que las de los vinos tintos, pero lo suficientemente amplias como para liberar toda su complejidad aromática.

Al hablar del tamaño es imposible no abordar la forma de la copa de vino y de sus tres grandes partes: la base, el tallo y el cáliz. Tanto el tallo como el cáliz son esenciales a la hora de decidir qué copa de vino emplear.

  • Tallo. Cuanto más largo es el tallo, menos posibilidades hay de que el vino se caliente al cogerlo en la mano. Por eso, los vinos que se toman a menores temperaturas se deben servir en una copa de vino con un tallo que no sea demasiado corto.
  • Cáliz. Es la parte de la copa de vino más importante, al fin y al cabo, es donde se vierten las elaboraciones. Esto implica que:
    • A través del cristal del cáliz se debe realizar la fase visual del vino para obtener toda la información que esta fase nos puede proporcionar sobre una elaboración. Para ello, es necesario inclinar la copa de vino unos 45º para vislumbrar el nivel de transparencia de la capa (el vino que se haya en la parte central de la copa)
    • En lo que respecta a la fase olfativa de la cata, la copa de vino también juega un papel muy importante, puesto que su forma afecta a cómo se muestran los aromas de las elaboraciones, su tipo de boca repercute en cómo llegan los aromas a nuestro olfato y durante esta fase es necesario realizar un movimiento envolvente de la copa para provocar la aparición de nuevos aromas.
    • Finalmente, las características de la copa de vino también influyen en cómo llevamos a cabo la fase gustativa de la cata. En función de la forma de la copa, las elaboraciones llegarán a diferentes zonas de la boca y el grosor de este objeto también puede afectar a cómo percibimos el vino en boca.
La copa de vino chardonnay es la que se usa de manera habitual para vinos blancos como los albariños

El origen francés de los tipos de copa de vino clásicos

Durante varios siglos, Francia marcó el paso del universo vitícola, liderando los avances científicos y los hallazgos en el sector. Aunque hoy en día hay industrias vitícolas tan potentes como la francesa y que se encuentran a la vanguardia como la española, la italiana o la estadounidense, la relevancia de Francia se sigue notando, por ejemplo, en lo relativo a la copa de vino. ¿Por qué? Para denominar a las diferentes copas de vino se emplean aún usualmente nombres heredados de las variedades de uva o denominaciones de origen francesas.

Eso sí, debemos tener en cuenta que hoy en día existen múltiples opiniones sobre los nombres de la copa de vino y una variedad tan amplia de nomenclaturas que estos nombres tradicionales solo son una guía para diferenciar a grandes rasgos los principales tipos de copa de vino que existen.

Chardonnay

Comencemos por una de las regiones vitícolas más conocidas del mundo: Borgoña. De allí es originario el chardonnay, un vino blanco que destaca por su frescor. Esta copa de vino se caracteriza porque su cáliz es grande, pero de menor tamaño que el de una copa de vino tinto, así como por tener un tallo lo suficientemente largo como para evitar que una elaboración pierda su temperatura óptima como consecuencia del contacto humano.

Borgoña

Sin movernos de Borgoña nos encontramos con la copa de vino tinto homónima, que destaca por tener un cáliz extraordinariamente amplio y con forma de balón que resulta muy característico. Esta forma permite que las notas aromáticas adquieran un gran protagonismo.

Burdeos

Viajemos desde el corazón de Francia hasta la costa Atlántica. Los burdeos son unos vinos tintos conocidos globalmente que dan nombre a otra copa de vino tradicional que se emplea en la cata de vinos tintos. Su tallo es más largo que el de la copa borgoña y su cáliz destaca porque es más amplio en su parte intermedia que en la superior, de tal manera que se estrecha en la boca.

Cuvée Prestige

A diferencia de las copas anteriores, cuvée prestige no es el nombre de una denominación de origen, sino que es un concepto que hace referencia a la mejor elaboración de una bodega de champagne. Por ende, no resulta difícil dilucidar que esta clase de copa es la que se usa habitualmente para vinos espumosos. También es conocida como copa flauta y se diferencia notablemente del resto porque su cáliz es muy estrecho y adquiere una forma alargada, gracias también a que cuenta con un tallo de gran longitud.

Jerez u Oporto

La tradición francesa no llega a todos los ámbitos del mundo vitícola. Las copas clásicas para catar vinos dulces no reciben su nombre de ninguna elaboración, variedad o denominación de origen francesa, sino que se denominan haciendo referencia a dos vinos ibéricos de gran prestigio: el Jerez y el Oporto. Estas copas son notablemente más pequeñas y, sobre todo, tienen tallos cortos.

La copa de vino es un elemento esencial de la cata

¿Por qué se debe emplear una copa de vino diferente para cada tipo de vino?

El vino es una de las elaboraciones más complejas que ha ideado y perfeccionado el ser humano a lo largo de los siglos. Esa complejidad, que es el secreto de su éxito, implica que:

  • Su cata cambie en función del objeto en el que se realiza.
  • Y en función de las características del vino que se vaya a degustar sea mejor escoger una copa que otra.

Si generalizamos podemos asociar a los vinos blancos una copa de vino determinada, a los tintos otras y a los espumosos otras. Lo cual no quita que por sus características especiales un vino blanco pueda disfrutarse mejor en una copa que se emplea tradicionalmente para los vinos tintos, que en una copa de vino asociada a las elaboraciones de uva blanca. Teniendo en cuenta esta advertencia podríamos decir que:

  • Los vinos blancos como el albariño se suelen servir en copas similares a la chardonnay. Es decir, con un tallo que pueda ser abrazado por nuestros dedos para que las elaboraciones no se calienten rápido y la temperatura óptima de cata se mantenga durante toda la degustación. Además, el cáliz debe tener el tamaño y la forma idóneos para potenciar todos los aromas de los vinos blancos y facilitar que, durante la fase gustativa, el vino llegue a la parte inicial de la boca, de tal forma que la acidez se perciba de la forma correcta.
  • Los vinos tintos se catan en copas burdeos, pero también en copas borgoña. ¿Cómo saber qué copa elegir? Para las elaboraciones con más cuerpo se recomiendan las copas burdeos, en cambio, para los tintos más ligeros, pero con una compleja composición aromática es más apropiada la copa borgoña.
  • Los vinos espumosos se disfrutan en copas de cáliz estrecho y alargadas como las copas con forma de flauta o tulipán. ¿Por qué? Por un lado, para minimizar su exposición al oxígeno y, por lo tanto, limitar su oxidación y mantener sus características burbujas. Por otro lado, para conseguir que se mantengan a bajas temperaturas.
  • Los vinos dulces se toman en una copa jerez o en una copa oporto porque no se necesita que estén a baja temperatura.

El continente ideal para adentrarse en el mejor contenido

A partir de esta información podemos concluir que el objetivo de cualquier copa de vino es maximizar los aromas, texturas y sabores de las mejores elaboraciones y conseguir, también, que su apariencia sea fantástica.

La copa de vino es un elemento importante en la experiencia de catar elaboraciones muy especiales, pero los protagonistas siempre serán los vinos.

Por eso, en los tours de enoturismo en las Rías Baixas de Pazo Baión se emplean las copas idóneas para potenciar las características de los vinos de nuestra bodega y de Condes de Albarei. La misión de los profesionales que guían las catas es conseguir que la copa de vino permita sirva para gozar de nuestros albariños en toda su plenitud.

El contenido sigue siendo lo más importante, pero es aún mejor cuando se combina con un continente perfecto.

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