Vikingos en O Salnés. Cuando los visitantes no venían a hacer enoturismo

La presencia de los vikingos en O Salnés frenó el cultivo de la vid

Hace mil años, el territorio donde se asienta Pazo Baión ya era visitado por viajantes procedentes del extranjero, pero no venían a hacer enoturismo, sino a explotar los recursos naturales

Quizás el principal motivo por el que la mayoría de personas se siente atraída por los relatos históricos es porque jamás dejan de sorprendernos. Sobre todo, en el caso de territorios habitados por humanos desde tiempos inmemoriales y que han podido ser testigo de procesos y acontecimientos históricos fascinantes, como es el caso de la propiedad de Pazo Baión. Muchos siglos antes de que se levantase el pazo y se constituyese el mayorazgo de la Casa de Fontán, estas tierras fueron testigo privilegiado de la presencia de vikingos en O Salnés durante la Alta Edad Media y hasta el inicio de la Era Compostelana.

Estos viajantes procedentes de Escandinavia no venían, precisamente, a hacer enoturismo. Es más, el cultivo de la vid aún no estaba extendido en una comarca que, hoy en día, es conocida como la Toscana gallega. Sin embargo, ya en aquella época, los terrenos situados en las proximidades de la ría de Arousa eran conocidos por su riqueza mineral y por resultar muy fértiles. Además, las localidades costeras eran un buen objetivo de saqueo para los feroces vikingos que llegaban desde el Norte huyendo de la escasez de recursos de sus regiones.

Mil años después del final de la presencia de los vikingos en O Salnés, la comarca recibe todos los años a cientos de miles de visitantes, algunos de ellos originarios de los países escandinavos (Suecia, Dinamarca, Noruega…). Sin embargo, su objetivo ya no es saquear la riqueza local, sino disfrutar de sus playas, paisajes y pueblos marineros, degustar sus delicias gastronómicas y, sobre todo, catar sus albariños, unas elaboraciones celebradas y admiradas en todo el mundo.

En este artículo, te proponemos que nos acompañes en un viaje a través del tiempo a una época en la que la presencia de los vikingos en O Salnés no era bien recibida, porque estos viajeros no venían a gozar de maravillosas experiencias de enoturismo en las Rías Baixas, sino a sembrar el caos y diezmar a la población local y boicotear sus esfuerzos por salir adelante.

La ría de Arousa, puerta de entrada a Galicia y sus riquezas

¿Cómo acabaron los vikingos en O Salnés, una comarca que debe su nombre a la presencia de salinas en sus costas, desde antes de la llegada de los visitantes del norte?

Por una parte, como indicamos antes, en Escandinavia no disponían de los recursos naturales necesarios para alimentarse, como consecuencia de las bajas temperaturas y las adversas condiciones climatológicas. Esto empujaba a los vikingos a invadir tierras más ricas y fértiles.

Por otro lado, el comienzo de las peregrinaciones a Santiago, a partir del S. IX sirvió para extender por toda Europa las bondades de nuestras tierras, la abundancia de recursos naturales y las riquezas generadas como consecuencia de las peregrinaciones y el comercio.

Así, entre los siglos IX y XII, las incursiones de los vikingos en O Salnés fueron habituales, aunque nunca dieron paso a asentamientos permanentes, como en Normandía, ni a la colonización del territorio. De hecho los vikingos jamás se asentaron durante periodos superiores a dos años, sino que su modus operandi generalmente era emprender razzias para saquear a las localidades, establecer cercos en urbes como Santiago, secuestrar a personas para llevar a cabo extorsiones y, sobre todo, apropiarse de la riqueza generada por las peregrinaciones.

La ría de Arousa era la vía de entrada más sencilla para que los vikingos pudieran adentrarse por toda Galicia y, en especial, para llegar hasta Santiago. De ahí que los ataques de vikingos en O Salnés se produjeran de forma periódica durante estos siglos oscuros e incluso llegaran a levantarse asentamientos temporales en enclaves de la comarca como la isla de Cortegada.

Los efectos de las razzias en O Salnés y los primeros intercambios comerciales

Como consecuencia de los ataques vikingos en O Salnés, la población local buscaba refugio entre la primavera y el otoño en los montes y cuevas de la comarca, para eludir los saqueos y huir de la devastación vikinga. Esto afectó, como no podía ser de otra forma, a la actividad económica y a la explotación de la tierra.

Los cultivos de cereales y de la vid no se convertirían en motores económicos de O Salnés hasta el fin de las incursiones vikingas, como veremos a continuación.

Sin embargo, los historiadores señalan que los vikingos en O Salnés no solo llevaban a cabo razzias para enriquecerse, sino que también pusieron en marcha ciertas relaciones comerciales con la población local y su pegada se nota en embarcaciones marítimas como las dornas.

Estos incipientes intercambios comerciales que se producían hace más de mil años, han terminado por convertirse hoy en día en una profunda y eficaz internacionalización de los productos de O Salnés, comenzando por los mariscos y pescados de la ría de Arousa, conocida como la despensa marina de Europa, y terminando por los vinos de la D.O. Rías Baixas que se elaboran en decenas de bodegas de la comarca como Pazo Baión.

La huella de los vikingos en O Salnés se nota aún en edificaciones defensivas como las Torres del Oeste de Catoira

La Era Compostelana y la colonización de la comarca

Por suerte para la población local, los ataques vikingos en O Salnés llegaron a su fin con el comienzo de la Era Compostelana, marcada por el exitoso liderazgo del arzobispo de Santiago Xelmírez. El primer líder de la archidiócesis compostelana ordenó la construcción de la primera flota de guerra del litoral para frenar las actuaciones de los vikingos en O Salnés, pero también las incursiones sarracenas que se producían durante esos siglos.

El mejor ejemplo de las medidas emprendidas por Xelmírez para poner fin a los ataques de vikingos en O Salnés aún lo podemos visitar en la actualidad: las Torres del Oeste. La construcción de estas edificaciones defensivas, situadas en Catoira, tenía como objetivo frenar las invasiones vikingas que pretendían llegar hasta Compostela. De hecho, en Catoira se celebra anualmente una romería vikinga en la que se reconstruyen las batallas entre los guerreros escandinavos y los gallegos.

Estas actuaciones permitieron frenar las incursiones vikingas y sarracenas y facilitaron la colonización y repoblación de todo el litoral de la comarca, lo que supuso la puesta en marcha de cultivos de cereales, la construcción de iglesias, como la de Baión, la creación de feligresías y el inicio de lo que hoy en día es una industria que exporta sus elaboraciones a todo el planeta: la vitícola.

El fin de los ataques vikingos en O Salnés marcó la expansión del cultivo de la vid

Los nuevos tiempos de paz y prosperidad que trajo consigo la Era Compostelana propiciaron la explosión de la economía local. La superficie dedicada a cultivos plurianuales como el de la vid se multiplicó a partir del S. XII. Los documentos forales de la época evidencian la abundancia de cultivos de cereales como el centeno, pero también la importancia creciente del cultivo de la vid.

Así, una vez que la presencia de los vikingos en O Salnés llegó a su fin, florecieron las actividades vitícolas. Los viñedos comenzaron a propagarse por toda la comarca, iniciando una transformación que se ha consolidado en nuestros días hasta plagar a O Salnés de miles de hectáreas de viñedos que conforman paisajes dignos de la Toscana.

El creciente campesinado que se instaló en la comarca, atraído por las bondades de la tierra y de la ría, se decantó, mayoritariamente, por poner en marcha y trabajar viñedos que produjeran uvas tintas. Mientras que los viñedos ligados a la hidalguía, como en el caso de las parcelas de Pazo Baión, produjeron también uvas blancas, gracias al cultivo de la variedad de vid autóctona de la comarca: el albariño.

Tal fue la revolución que provocó la elaboración de vino en las Rías Baixas a partir del S. XII, que en el S. XV, el 40% de la recaudación por alcabalas en Pontevedra provenía del vino y la ciudad se había transformado en un centro comercial de primer nivel gracias a la monopolización del comercio exterior de vino.

Pazo Baión en la actualidad: Un espacio de enoturismo y una bodega globales

Aunque la estancias recurrentes de los vikingos en O Salnés quedan muy lejanas en el tiempo, forman parte, innegable, de la Historia de la comarca que acoge a Pazo Baión y su fin marcó, como hemos señalado a lo largo de este artículo, el auge del cultivo de la vid y la elaboración de vinos, que constituyen la principal seña de identidad de una propiedad con cinco siglos de vida que ha pasado de ser un centro prototípico de la economía feudal y un ejemplo del dominio de la hidalguía, a:

  • Convertirse en una bodega que exporta los únicos albariños de pago a decenas de países.
  • Transformarse en un espacio de enoturismo de referencia internacional, en el que se pone en valor la tradición de la elaboración del vino y la Historia y cultura de una comarca fascinante, que fue capaz de imponerse a los todopoderosos vikingos.

Las personas que sufrieron la presencia de los vikingos en O Salnés hace mil años jamás pudieron llegar a pensar que suecos, noruegos y daneses iban a volver a adentrarse en los pueblos, las bodegas y los entornos naturales de la comarca tantos siglos después. Pero esta vez, no para robar o saquear, sino para dejarse seducir por sus encantos.

Pazo Baión es el mejor ejemplo de las nuevas incursiones de los vikingos en O Salnés. Nuestra propiedad acoge con los brazos abiertos, año tras año, a cientos de visitantes del norte de Europa que llegan hasta este microuniverso atraídos por nuestros albariños, pero también por los paisajes bucólicos de nuestra propiedad, las edificaciones monumentales que forman parte de la finca y la fascinante Historia de Galicia. Una historia que no podría entenderse sin la peligrosa presencia de los vikingos en O Salnés y en todo el territorio gallego durante la Alta Edad Media.

Los descendientes de los vikingos ya no vienen a saquear y robar, sino a hacer enoturismo, catar extraordinarios albariños y forjar una relación llena de potencialidades para ellos y para nosotros.

En Pazo Baión, Odín y Dioniso no son rivales, sino amigos.

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